A medida que crecía, mi comprensión de lo que era una blasfemia se limitaba al uso de malas palabras. Mi entendimiento se amplió durante una clase de etimología universitaria cuando supe que la raíz latina de la palabra era profanus, o literalmente, antes (fuera del) templo. Profanar significa tratar algo sagrado con irreverencia o desprecio, o violar su santidad.

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